jueves, 11 de agosto de 2011

La Psicología: ¿una ciencia “dura” o una ciencia “blanda”?

 
Las categorías de ciencias “duras” y ciencias “blandas” se aplican con frecuencia a las distintas disciplinas científicas, tomando como criterio los procedimientos mediante los que se construye su conocimiento o la forma como estos se expresan; es decir, según se usen métodos experimentales o se usen modelos matemáticos para la elaboración del conocimiento, entonces se incluyen en una categoría o en otra.
Se debe considerar sin embargo, que las disciplinas no se pueden pensar desde ellas mismas como ciencias “blandas” o “duras”, los conocimientos que las delimitan y les dan identidad son igualmente legítimos para cualquier disciplina. A veces se considera lo “blando o duro” como intrínseco a los objetos con los que cada disciplina trabaja, por ejemplo, se considera que la física es una ciencia “dura” porque su objeto es más real que los de las ciencias sociales. Y si bien algunos objetos que median las prácticas científicas son más rígidos en su funcionamiento, comparados con otros de mayor complejidad funcional, esto no debe afectar el rigor de la práctica o rigor científico con el que se elabora el conocimiento.
Más bien, estas categorías son externas a la ciencia y obedecen a intereses diversos. No es un secreto que es más fácil conseguir presupuesto para investigaciones en física o química, que para investigaciones en ciencias sociales, incluso cuando las investigaciones en ciencias sociales pueden generar conocimiento que permite modificar las prácticas sociales de una forma ampliamente positiva.
De otra parte, la ciencia se puede ver como una práctica compartida, ampliamente valorada por la sociedad, y como práctica no es diferente de otros tipos de prácticas, en tanto que se realizan como una forma de preservación de la vida.
Siendo la ciencia una práctica, los criterios de “ciencias blandas o duras” resultan inadecuados y se requiere entonces de otros criterios para su valoración, por ejemplo, se puede valorar por su pertinencia; es decir por el modo particular como en un momento y en unas circunstancias particulares se resuelve un problema. Se puede valorar por su efectividad; es decir por su capacidad para modificar una situación. Se puede valorar por la congruencia entre el decir y el hacer, y que además constituye un asunto ético. Se puede evaluar por la coherencia que mantenga como práctica disciplinar pero también con otras prácticas y quizás también se pueda valorar por su aporte al bienestar humano.
Finalmente, los criterios de ciencia “dura o blanda, pertinente, efectiva, congruente, coherente”, establecen diferencias más en el modo como se implementa su conocimiento en prácticas tales como asistencia en salud, en la educación, en la empresa u otros escenarios, pero no en el modo de producción de conocimiento.

Tiberio Pérez Manrique

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